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Las gorrillas del abuelo

  El otro día entré en una mercería de mi barrio, de las de toda la vida y me emocioné. Mi mirada se posó, cómo arrastrada por un imán, en estas gorras. Eran las que llevó mi abuelo hasta el día que murió. Juró que hasta noté cómo su aroma me rodeaba y su presencia fue evidente. Menos mal que tenía una señora delante porque durante unos minutos no pude articular palabra. No había vuelto a ver estas gorras desde que repartimos las de él y tenerlas tan cerca me impresionó. Después de tantos años, he terminado viviendo bastante cerca de la que era la casa de mis abuelos. Tengo un paseíto como de 20 minutos hasta llegar allí. Ese día decidí hacerlo para llegar a un lugar concreto. Pude comprarme las medias en cualquier tienda que me encontré en el camino, pero entré allí. Y estoy segura que era donde mi abuelo compraba sus gorrillas. Por distancia, por género y porque le presentí allí. Y yo entré en esa mercería. Y mi abuelo volvió a mí. Las cosas de la vida y el amor.
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